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Recuerdos de una etapa de baloncesto

Como en cada final de temporada, ha llegado el momento de la despedida de nuestros jugadores júniors de segundo año. Raquel Alonso, Pablo de Arriba, Martín Camba, Pablo de Dios, Paula Fulgueiras, Lucía Gancedo, Ana López, Estrella Monteiro, Andrés Rodríguez y Lucía Santín terminan su etapa de formación en el club.

En esta ocasión, aunque sí tendremos un pequeño acto de homenaje y despedida, debido a la situación sanitaria originada por la COVID-19 no va a ser posible organizar el tradicional partido entre júniors y entrenadores ni tampoco la cena de fin de temporada. Sin embargo, sí hemos podido hablar con ellos y recordar cómo han vivido todos estos años en los equipos de base del CB 6,25.

 

Así empezó todo

Comencemos por el principio. ¿Cómo llegó el baloncesto a la vida de nuestros júniors? La mayoría empezaron a jugar en edad escolar, muchos de ellos en las Escuelas 6,25.

«Empecé a jugar en La Cogolla con 7 años», dice Pablo de Arriba. Allí ya jugaba desde los 5 años Raquel Alonso: «Seguí el ejemplo de mi hermana, que ya jugaba, y mis padres me apuntaron». Un año después, Estrella Monteiro también se unió al equipo: «Veía a Pablo y a Raquel pasándoselo bien y yo también quería. En abril nos mandaron una hoja para saber si queríamos ir el último mes a probar y pues desde entonces».

Gracias a Miguel García, entonces presidente del club, Andrés Rodríguez llegó al equipo del Valentín García Yebra cuando tenía 8 años: «Empecé a jugar en el equipo de mi colegio porque jugaba un amigo mío, pero me gustó mucho y cuando él lo dejó, yo seguí». Los amigos también tuvieron un papel importante en el caso de Pablo de Dios: «Empecé […] con unos colegas que también querían empezar en un equipo de basket», aunque para dar el paso definitivo necesitó un empujoncito extra: «Mis padres me insistieron», reconoce.

Lucía Santín se unió al 6,25 en 2017, pero ya tenía experiencia desde algunos años antes: «Llevaba ya seis años jugando en el equipo de Camponaraya y cuando nos ofrecieron venir a jugar aquí, no me lo pensé». Como los demás, Lucía también descubrió el baloncesto desde dentro en las actividades extraescolares del colegio: «Escogí baloncesto y desde el primer entrenamiento me gustó tanto que supe que tenía que quedarme y jugar».

Por otra parte, Paula Fulgueiras, Lucía Gancedo y Ana López llegaron al club ya terminado el colegio, en categoría infantil. «Mi hermana se apuntó a baloncesto y decidí apuntarme con ella», cuenta Paula. «Era un deporte que me gustaba —dice Lucía— y mi padre jugaba y me animó a probar». Ana se animó después de haber acudido al Campus del club en varias ocasiones: «Me enganchó y por eso decidí empezar».

También algo más tarde de lo habitual, siendo cadete de segundo año, debutó Martín Camba: «Empecé a jugar al baloncesto porque siempre había sido un deporte que me gustaba y además estaba cansado del fútbol». Nunca es tarde para empezar.

 

Caras y cruces

Diez años de baloncesto dan para vivir muchas experiencias. Después de estas temporadas en el club, nuestros júniors se llevan todo tipo de recuerdos.

De entre los buenos, Lucía Gancedo y Paula están de acuerdo en resaltar el ascenso a 1.ª división autonómica en categoría cadete. «Fue el día que más unidas estuvimos y que cada una tuvo un papel importante», dice Paula. «Cada momento bueno en el equipo se convierte en el mejor —resume Ana—, cualquier victoria o incluso cualquier partido que se hacía de rogar pero que al fin y al cabo merecía la pena el sufrimiento».

Pablo de Arriba y Andrés coinciden en destacar el título de liga provincial obtenido en categoría infantil. «Fue la primera liga que gané», recuerda Pablo. «Creo que fue el año que más disfruté jugando y en el que más aprendí», dice Andrés. Para Pablo de Dios, el mejor recuerdo es «el día que jugué mi primer partido en liga autonómica, ganamos en los últimos minutos». Martín se queda con «el primer torneo de Vigo por la experiencia», igual que Raquel: «Quedamos segundas y me lo pasé genial».

Lucía Santín resalta uno de los primeros partidos de liga de la temporada pasada: «Estábamos nerviosas porque había rivales nuevos y no sabíamos a quién nos enfrentábamos. Llegó el día del partido y aunque al principio estuvo reñido, al final jugamos muy bien, en equipo, concentradas y conseguimos ganar de bastantes puntos. Cuando acabó nos abrazamos todas». «Todos los recuerdos en el 6,25 son geniales —añade Estrella—, cada viaje es diferente».

Pero entre las alegrías también hay inevitablemente algún mal trago. «La derrota este año en La Flecha» fue dura para Martín, una amarga derrota por 1 punto que terminó siendo decisiva en la clasificación del grupo para dejar al equipo fuera de la fase de ascenso a 1.ª división autonómica.

Las júniors del equipo autonómico habían vivido algo parecido en su primer año de cadete. «Nos jugábamos el pase a la F4 y para conseguirlo teníamos que ganar de 1 —recuerda Raquel—. El partido fue muy empatado todo el rato y al final perdimos de 1 punto con la última posesión a favor. Estábamos muy decepcionadas, pero seguimos adelante». «No nos pudimos clasificar por muy poco», comenta Lucía, aunque, como decíamos antes, el ascenso sí terminaría llegando el año siguiente: «Teníamos la espinita clavada y conseguirlo al final fue genial».

Los peores recuerdos de Pablo de Dios son las lesiones, «que han sido bastantes». Y no las lesiones propias, sino las de compañeros, son los malos momentos que destacan Pablo de Arriba y Andrés: para Pablo, «cuando Eduardo se lesionó el brazo» y en el caso de Andrés, «cuando mi amigo Raúl se lesionó de la rodilla […] porque supe que no iba a volver a compartir cancha con él, ese era su último año». Paula va un poco más allá: «Las lesiones creo que para cualquier deportista al que le gusta jugar es un mal momento, pero algún partido conflictivo que tuvimos lo supera con creces».

Estrella subraya como episodio negativo el vivido en la Vilagarcía Basket Cup de 2016, en Vilagarcía de Arousa. Más de un centenar de jugadores y entrenadores del CB 6,25 y del CB Agustinos Eras, con quienes compartíamos hotel, sufrimos los síntomas de una intoxicación alimentaria que nos impidieron terminar la disputa del torneo y que transformaron lo que tenía que haber sido una gran experiencia en algo para olvidar.

Lucía Santín recuerda con tristeza las semanas que decidió apartarse del baloncesto al inicio de esta temporada, un poco agobiada por los estudios: «Pensaba mucho en volver, en entrenar, en jugar… y en ese tiempo me di cuenta realmente de que el baloncesto era algo que necesitaba en mi día a día y tenía que volver cuanto antes, y así fue».

Y aún más reciente es el peor recuerdo de Ana: «Este año, al saber que jugamos un último partido sin saber que no volveríamos a jugar otro juntas, y que ni siquiera volveríamos a entrenar». La interrupción de la temporada provocada por la COVID-19 fue repentina y, en efecto, aunque es una circunstancia que está fuera de nuestro alcance, es una pena que el final de esta generación en el club haya tenido que ser así.

 

El legado del 6,25

Más allá de lo meramente deportivo, los entrenamientos, los partidos, los viajes y todos los demás acontecimientos que organiza el club suponen muchas horas de convivencia con la familia amarilla. Desde un punto de vista más personal, el paso por el 6,25 marca un antes y un después, «sobre todo, los valores que transmite el club —dice Pablo de Dios—, eso te lo acabas quedando para siempre, forman parte de ti».

«Me quedo con las amistades y los buenos momentos que me ha dado el baloncesto», cuenta Pablo de Arriba. Coincide con Estrella, que se queda con «las personas que he conocido», con Martín, que destaca a «todos los amigos que he hecho», y con Andrés: «Me quedo con el haber hecho amigos que son para toda la vida, el aprender a ser un equipo y haber tenido momentos muy bonitos y emocionantes en los años que he jugado». «Me quedo con todo lo que he aprendido desde el primer día que llegué hasta hoy —comenta Lucía Santín—, con todo lo que he mejorado como jugadora y también a nivel personal, pero también con las experiencias, los torneos fuera, las amistades…».

En la misma línea se encuentran las cuatro integrantes del júnior femenino autonómico. «Todos nos llevamos amigos y amigas increíbles del club y eso es algo de lo que puedo estar agradecida siempre», dice Ana. Raquel se queda con «las compañeras, que siempre han estado ahí apoyándome». «Somos un equipo —añade Paula— y es reconfortante pensar que el día de mañana vas a tener el apoyo de esa gente». Para Lucía Gancedo, además de «tanto entrenadores como compañeras, todos los torneos, partidos y buenos momentos juntas […], también el tener la oportunidad de poder entrenar a los peques en el cole ha sido genial».

 

El futuro es ahora

Alcanzar la mayoría de edad implica llegar a una época de cambios. Aun con la confusa situación excepcional que vivimos en la actualidad, nuestros júniors se preparan para iniciar una nueva etapa en sus vidas. ¿Qué papel tendrá el baloncesto a partir de ahora? Hay diversidad de opiniones.

«El año que viene (si todo va bien) estaré en la universidad, pero todavía no tengo claro el sitio —dice Lucía Santín—. Lo que sí tengo muy claro es que voy a seguir jugando, siempre que tenga la oportunidad. Llevar tantos años entrenando y estudiando hace que al final, si te organizas, consigues sacar tiempo y el baloncesto te afecta de forma totalmente positiva». Pablo de Dios estará «en la uni, disfrutando. Intentaré seguir en el basket si es posible». Martín se ve «en León o en Coruña» y también probablemente en algún equipo de baloncesto.

Lucía Gancedo ya lo tiene todo decidido: «El año que viene me voy a Ohio, en EE UU, con una beca para jugar al baloncesto y estudiar, así que sí, seguiré jugando y espero que al menos por cuatro años más». Ana se imagina «estudiando fuera de Ponferrada, una carrera en la universidad y con ganas de cambios». Seguir jugando al baloncesto «no es mi idea principal, pero si se da una oportunidad […] estoy segura de que no sabré decir que no».

Algo más de indecisión, tanto a nivel académico como deportivo, presentan los planes de Pablo de Arriba: «Según lo que haga decidiré». También Andrés muestra incertidumbre: «Con la situación actual y todavía cosas por decidir, es difícil saber. Pero seguro que seguiré cerca del baloncesto, aunque sea jugando pachangas en los parques».

Estrella, Raquel y Paula tienen previsto quedarse en Ponferrada el próximo año. Cada una ve su futuro baloncestístico de forma diferente. «Seguiré jugando, aunque no será lo mismo», opina Estrella. «No creo que siga jugando —dice Raquel— porque creo que debo centrarme en los estudios». Paula no tiene dudas: «Seguiré jugando ya sea aquí o en otra ciudad, el baloncesto es algo que vive en mí y es una forma de vida».

A los diez, estéis donde estéis el año que viene, en nombre de todo el club os deseamos lo mejor y os damos las gracias por haber compartido estas temporadas con nosotros. Sabéis que el CB 6,25 siempre será vuestra casa.

Hasta pronto.

 

admin625

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